Con el uso diario, los reposabrazos, los asientos y las zonas donde apoyamos la cabeza pueden acumular grasa corporal, polvo y restos de productos. El resultado es un sofá de polipiel con manchas oscuras y un brillo desigual, aunque no esté realmente sucio en toda la superficie.
La clave es limpiarlo con suavidad: la polipiel no debe empaparse ni frotarse con productos agresivos.
Lo que necesitas
- Aspiradora con cepillo suave o un paño de microfibra seco
- Dos paños de microfibra limpios
- Agua tibia
- Jabón neutro líquido
- Un recipiente pequeño
Paso a paso
- Retira el polvo superficial
Aspira el sofá con cuidado, especialmente en las costuras y pliegues. Si no tienes aspiradora, pasa un paño de microfibra seco. - Prepara una mezcla suave
Añade unas gotas de jabón neutro a un recipiente con agua tibia. No hace falta mucha espuma. - Humedece el paño, sin empaparlo
Moja un paño de microfibra y escúrrelo muy bien. Debe quedar apenas húmedo. - Limpia las zonas oscuras
Pasa el paño sobre los reposabrazos, el asiento y otras zonas brillantes con movimientos suaves y circulares. No frotes con fuerza. - Retira los restos de jabón
Pasa otro paño ligeramente humedecido solo con agua para retirar cualquier resto. - Seca inmediatamente
Seca toda la superficie con un paño de microfibra limpio y seco. Deja el sofá ventilado hasta que esté completamente seco.
Qué no debes usar
Evita lejía, alcohol, acetona, amoniaco, desengrasantes fuertes, estropajos y toallitas húmedas con alcohol. Pueden resecar la polipiel, dejar marcas o hacer que se cuartee con el tiempo.
Para mantenerlo uniforme, limpia las zonas de mayor contacto una vez por semana con un paño seco y realiza esta limpieza suave cada tres o cuatro semanas.