Una escoba puede empezar a barrer peor mucho antes de estar realmente gastada. Las cerdas se doblan, se abren hacia los lados y terminan acumulando polvo, cabellos y humedad. Una de las causas más habituales es también una de las más fáciles de evitar: guardarla apoyada permanentemente sobre las cerdas. Cambiar la forma de almacenarla, acompañado de una limpieza sencilla, ayuda a conservar su forma y eficacia durante más tiempo.
El truco principal: guardar la escoba sin apoyar las cerdas en el suelo
El detalle más importante consiste en colgar la escoba por el mango o colocarla en un soporte que mantenga el cabezal separado del suelo. Así, el peso de la escoba no permanece constantemente sobre las fibras.
Para hacerlo necesitarás:
- 1 gancho resistente o soporte para escobas
- 1 paño
- Agua tibia
- Un peine viejo de dientes anchos o un cepillo pequeño
- Limpia primero las cerdas. Retira a mano los cabellos y pelusas grandes. Después pasa un peine viejo desde la base de las fibras hacia las puntas, sin tirar con demasiada fuerza.
- Elimina el polvo acumulado. Sacude la escoba en el exterior o sobre una superficie fácil de limpiar. Si las cerdas son sintéticas y el fabricante permite mojarlas, puedes aclararlas brevemente con agua tibia.
- Déjala secar completamente. Después de mojarla, coloca la escoba en un lugar ventilado con las cerdas hacia abajo pero sin que soporten el peso del mango. Espera hasta que estén completamente secas antes de guardarla.
- Instala un soporte para el mango. Colócalo a una altura suficiente para que, una vez suspendida, las puntas de las cerdas no toquen el suelo. Normalmente basta con dejar entre 2 y 5 cm de separación.
- Guárdala siempre suspendida. Después de cada uso, vuelve a colocarla en el soporte en lugar de dejarla inclinada contra una pared.
Este sencillo cambio evita una presión constante sobre las fibras. No puede reparar unas cerdas muy deterioradas, pero sí ayuda a retrasar su deformación.
Retirar cabellos y pelusas con frecuencia
Los cabellos largos suelen enrollarse alrededor de las cerdas y terminan formando pequeños grupos compactos que reducen la capacidad de recoger polvo.
Una vez por semana, o después de una limpieza especialmente intensa, revisa el cabezal. Utiliza un peine de dientes anchos para sacar los cabellos atrapados. Si alguno está fuertemente enrollado, puedes cortarlo cuidadosamente con unas tijeras pequeñas, procurando no cortar las cerdas.
La operación requiere apenas dos o tres minutos.
En las escobas de fibras naturales conviene trabajar con mayor suavidad, ya que las cerdas pueden romperse con más facilidad que las sintéticas.
Lavar las cerdas sin dejarlas húmedas durante horas
Una escoba utilizada únicamente para polvo seco no necesita lavarse después de cada uso. Sin embargo, una limpieza ocasional puede eliminar suciedad adherida.
Para una escoba sintética lavable, prepara aproximadamente 2 litros de agua tibia con 1 cucharada de lavavajillas suave. Introduce únicamente las cerdas durante unos 5 minutos y muévelas suavemente.
Aclara después con agua limpia.
No sumerjas el mango de madera ni las uniones metálicas o pegadas si desconoces su resistencia al agua. Tampoco dejes la escoba en remojo durante largos periodos.
Sacude el exceso de agua y deja secar completamente el cabezal en un lugar ventilado antes de guardarlo. La humedad persistente puede favorecer malos olores y deteriorar determinados materiales.
Recuperar ligeramente unas cerdas sintéticas deformadas
Si las fibras están solamente inclinadas por haber permanecido apoyadas contra el suelo, es posible mejorar parcialmente su posición.
Limpia primero el cabezal y humedece las cerdas sintéticas con agua tibia, nunca hirviendo. Péinalas cuidadosamente hacia su posición natural y deja la escoba secándose suspendida.
Mantén las fibras libres de presión durante al menos 12 horas, preferiblemente hasta que estén completamente secas.
Este procedimiento puede ayudar cuando la deformación es leve. Si las puntas están partidas, extremadamente abiertas o desgastadas por el roce, ningún método doméstico devolverá completamente la forma original y será mejor sustituir el cabezal.
Errores a evitar
Dejar siempre la escoba apoyada sobre las cerdas. El peso permanente puede doblarlas progresivamente y hacer que el cabezal pierda su forma.
Guardar la escoba todavía mojada. La humedad prolongada puede provocar olores y acelerar el deterioro de ciertos materiales.
Utilizar agua muy caliente. Algunas fibras sintéticas pueden deformarse con temperaturas elevadas.
Golpear violentamente la escoba para limpiarla. Puede aflojar el cabezal, romper fibras o deteriorar la unión con el mango.
Aplicar lejía o productos agresivos sin necesidad. Para el mantenimiento cotidiano de una escoba doméstica suelen bastar agua y un detergente suave. Además, nunca debe mezclarse lejía con vinagre, amoniaco u otros limpiadores.
Para ir más allá
Si tienes espacio, instala varios soportes de pared para mantener separados escoba, fregona y otros utensilios. Esto también permite que circule mejor el aire.
Para escobas utilizadas en terrazas o balcones, elimina arena y pequeñas piedras después de cada uso, porque son especialmente abrasivas para las puntas.
En modelos con cabezal reemplazable, revisa periódicamente la rosca o sistema de fijación para evitar que se afloje.
Preguntas frecuentes
¿Es mejor guardar la escoba con las cerdas hacia arriba?
Puede evitar que soporten peso, pero colgarla del mango suele ser una solución más práctica y estable. Lo importante es que las cerdas no permanezcan comprimidas contra el suelo.
¿Cada cuánto tiempo hay que lavar una escoba?
Depende del uso. Para una escoba doméstica utilizada en seco, suele ser suficiente retirar cabellos y polvo regularmente y realizar un lavado cuando las fibras estén visiblemente sucias.
¿Se puede usar vinagre para limpiar las cerdas?
Normalmente no es necesario. Agua tibia y una pequeña cantidad de lavavajillas suave son suficientes para muchas escobas sintéticas. Antes de mojar fibras naturales o materiales especiales, conviene comprobar las indicaciones del fabricante.
¿Cuándo hay que cambiar una escoba?
Cuando las cerdas están permanentemente abiertas, rotas, muy acortadas o ya no mantienen un contacto uniforme con el suelo, cambiar el cabezal o la escoba suele ser más eficaz que intentar recuperar las fibras.