Una chimenea de ladrillo aporta mucho encanto al salón, pero el humo y el hollín terminan dejando una capa negra alrededor de la abertura. Si se deja acumular, la suciedad puede penetrar en el ladrillo y hacer que toda la zona se vea oscura y descuidada.
Con una mezcla sencilla y un cepillado suave puedes recuperar su color sin dañar el ladrillo ni las juntas.
Antes de empezar
Haz la limpieza con la chimenea completamente fría. Retira la leña, las cenizas y cualquier objeto decorativo que esté cerca. Protege el suelo con periódicos, una toalla vieja o una lona, ya que el hollín puede caer durante el proceso.
También conviene abrir una ventana y utilizar guantes. Si hay mucho polvo de hollín, ponte mascarilla.
Lo que necesitas
- Un cepillo de cerdas medias o un cepillo de uñas
- Un aspirador o una escoba pequeña
- Agua tibia
- Jabón neutro
- Bicarbonato de sodio
- Un cuenco
- Una esponja o bayeta de microfibra
- Un paño seco
1. Retira el hollín suelto en seco
Antes de aplicar cualquier líquido, pasa el aspirador con cuidado por los ladrillos o utiliza un cepillo seco. Hazlo siempre de arriba hacia abajo para no extender la suciedad.
No empieces directamente con agua: el hollín seco puede convertirse en una mancha más difícil de retirar si se moja demasiado pronto.
2. Prepara una pasta limpiadora suave
En un cuenco, mezcla bicarbonato de sodio con unas cucharadas de agua tibia hasta formar una pasta espesa. Añade una pequeña cantidad de jabón neutro.
La pasta debe poder extenderse sobre el ladrillo sin gotear. El bicarbonato ayuda a levantar la suciedad negra, mientras que el jabón elimina el residuo graso que deja el humo.
3. Aplica solo sobre las zonas ennegrecidas
Con una esponja o un cepillo, aplica la pasta sobre los ladrillos manchados. Presta más atención a la parte superior de la abertura, donde suele acumularse la mayor cantidad de hollín.
Déjala actuar entre cinco y diez minutos. No hace falta dejarla durante más tiempo, especialmente si el ladrillo es antiguo o muy poroso.
4. Cepilla sin frotar con demasiada fuerza
Humedece ligeramente el cepillo y frota con movimientos circulares. Trabaja por zonas pequeñas para controlar mejor la limpieza.
Evita mojar en exceso las juntas. Si el ladrillo absorbe mucha agua, puede tardar en secarse y dejar marcas.
Cuando veas que la pasta se oscurece, retírala con una bayeta humedecida en agua limpia.
5. Seca bien la superficie
Pasa un paño seco y absorbente por toda la zona limpiada. Después, deja que la chimenea se seque al aire con buena ventilación.
Si todavía queda alguna mancha negra, repite el proceso únicamente sobre esa parte. Es preferible hacer dos limpiezas suaves que una demasiado agresiva.
Qué productos es mejor evitar
No utilices lejía, amoniaco, desengrasantes fuertes ni ácido. Estos productos pueden aclarar el ladrillo de forma desigual, estropear las juntas o dejar un olor desagradable en el salón.
Tampoco conviene usar mucha agua ni una hidrolimpiadora. La presión y la humedad pueden deteriorar los ladrillos y hacer que el hollín se introduzca más en los poros.
Un pequeño hábito que marca la diferencia
Después de usar la chimenea varias veces, pasa un cepillo seco o el aspirador por la parte exterior. Así evitarás que el hollín se compacte y tendrás que hacer una limpieza profunda con menos frecuencia.
Con este cuidado, el ladrillo recuperará su tono cálido y la chimenea volverá a ser uno de los rincones más bonitos de la casa.